Con la llegada del verano y el aumento de las temperaturas, nuestros pies se enfrentan a una serie de desafíos debido al calor y al cambio de calzado. Estos factores pueden producir patologías y molestias que, en cierta medida, es posible prevenir.
El cuidado de los pies en verano es esencial para disfrutar de esta época del año con bienestar. Por este motivo, desde el Ilustre Colegio Profesional de Podólogos de Andalucía te contamos cuáles son algunas de las patologías más frecuentes de esta época del año para que las reconozcas.
Patologías frecuentes
- Hiperhidrosis. Se trata de la sudoración excesiva de los pies. Aunque puede ocurrir en cualquier época del año, el calor del verano la exacerba. Los síntomas son el sudor, mal olor (Bromhidrosis) y una mayor susceptibilidad a infecciones fúngicas y bacterianas.
El tratamiento habitual es el uso de antitranspirantes específicos para los pies, polvos absorbentes y calzado ventilado. En los casos más severos, el podólogo puede recomendar inyecciones de toxina botulínica (botox) para frenar el exceso de sudoración.
- Infecciones fúngicas (hongos). Los ambientes cálidos y húmedos son un caldo de cultivo que favorece la proliferación de hongos, causando infecciones como el pie de atleta. Entre los síntomas más frecuentes para detectar esta patología está la picazón, el enrojecimiento, descamación de la piel y ampollas. Si los hongos están en las uñas, notarás un cambio de pigmentación, crecimiento irregular y fragilidad de la lámina ungueal, entre otros síntomas.
En este caso, el tratamiento suele consistir en cremas y polvos antifúngicos, que puede prescribir el podólogo. En paralelo, es necesario mantener los pies secos, cambiar de calcetines de forma regular y ser muy constante con la medicación recetada. Se trata de una patología que suele requerir muchas semanas de tratamiento.
- Ampollas. El uso de calzado inadecuado en verano, como los zapatos apretados totalmente cerrados, de charol o nuevos puede provocar fricción y, en consecuencia, ampollas. Se recomienda no explotarlas ni extraer el líquido del interior, dado que ejercen de apósito natural. Sin embargo, si son muy dolorosas, se pueden drenar pinchándolas con una aguja esterilizada para extraer el líquido. Luego habría que aplicar desinfectante y un apósito para cubrir la zona.
- Picaduras de medusas, insectos o pez araña. En el caso de los peces araña y las medusas, los síntomas más frecuentes de sus picadura pueden producir dolor, mareos, náuseas, cefaleas, vómitos, presión arterial baja y calambres. En caso de sufrir la picadura de uno de estos animales, se debe limpiar la zona con suero fisiológico para retirar los restos de suciedad y sumergir el pie en agua fría. Si los síntomas son leves, el podólogo puede tratar la zona para evitar posibles complicaciones; pero si los síntomas incluyen una coloración oscura en los bordes de la herida, se debe acudir al servicio de Urgencias más cercano.
- Picaduras de mosquito. Aunque suelen ser mucho más inofensivas que las de las medusas y peces araña, el sudor y el roce del zapato puede producir heridas e incluso una infección. La forma de prevenirlos es mantener la zona limpia, cubrir la picadura con un apósito si se utiliza calzado cerrado y mantener el área bien aireada y seca si se llevan zapatos abiertos.
- Papiloma. También conocido como verruga plantar, es una afección común que puede afectar a la piel de cualquier parte del cuerpo, pero aparece con especial frecuencia en los pies al tener un contacto más directo con el suelo. Está causada por una infección viral, específicamente por el virus del papiloma humano (VPH). Éste ingresa al cuerpo a través de pequeñas heridas o grietas en la piel de los pies, puede provocar el crecimiento de una verruga.
Se recomienda acudir pronto al podólogo, dado que son lesiones que tienden a extenderse y son muy contagiosas. En este sentido, el experto del pie aplicará el tratamiento más adecuado para la lesión.
- Edema. El calor puede causar la dilatación de los vasos sanguíneos, lo que lleva a la acumulación de líquidos en los pies y tobillos. Podrás observar una hinchazón visible, con sensación de pesadez y, en ocasiones, dolor. Para aliviar los síntomas, es recomendable descansar con los pies en alto, aplicar frío, usar medias de compresión e hidratar la piel para que no se agriete al dilatarse. También puedes masajear el área con suavidad con movimientos circulares para favorecer la circulación.
- Quemaduras solares. La exposición directa al sol puede quemar la piel de los pies, especialmente si se usan sandalias o se está descalzo. Aparece en forma de enrojecimiento, edema y dolor, pero en los casos más graves pueden salir, incluso, ampollas. Como método de prevención, se debe aplicar protección solar con anterioridad a la exposición. Y en caso de sufrir quemaduras, el tratamiento consiste en aplicar cremas hidratantes y aloe vera. También se pueden emplear geles fríos para calmar la zona. En caso de quemaduras severas, es recomendable acudir al podólogo cuanto antes para evitar infecciones.
En los casos moderados y graves de estas patologías, es recomendable acudir a la consulta del podólogo para que realice un diagnóstico y proponga tratamientos específicos que aceleren o alivien los síntomas.
Medidas de prevención
Una vez conocidas las patologías más frecuentes, recomendamos algunos métodos de prevención:
- Utiliza zapatos adecuados, de materiales transpirables y con buen soporte.
- Evita el uso prolongado de calzado cerrado en días extremadamente calurosos.
- Lava y seca los pies cuidadosamente todos los días. No te olvides de la zona entre los dedos.
- Cambia los calcetines con frecuencia, optando por materiales que absorban la humedad como el algodón.
- Aplica crema hidratante para mantener la piel flexible, pero siempre un rato antes de volver a calzarte.
- Usa protector solar en los pies cuando estén expuestos al sol.
- Evita caminar descalzo en superficies calientes, como el borde la piscina o la arena de la playa.
- Date baños de agua fría y sal -si no tienes heridas- para si tienes los pies hinchados.
- Utiliza plantillas, ortopédicas o diseñadas por un podólogo, para distribuir mejor el peso del cuerpo y reducir la fricción.
- Visita al podólogo con cierta regularidad para que realice quiropodias de mantenimiento y revise tus pies.
En general, mantener una buena higiene, elegir el calzado adecuado y tomar medidas preventivas son las claves para evitar las patologías más comunes causadas por el calor. Si experimentas problemas persistentes, no dudes en consultar a un podólogo.