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El papel del podólogo en el tratamiento de heridas

Sep 22, 2026 | Blog

Cuando pensamos en acudir al podólogo, es habitual relacionar su trabajo con problemas como las durezas, las uñas encarnadas, el dolor al caminar o las alteraciones de la pisada. Sin embargo, el ámbito de actuación de estos profesionales sanitarios es mucho más amplio.

Una de las áreas menos conocidas es su papel en la prevención, valoración y tratamiento de determinadas heridas que afectan al pie, especialmente en pacientes que presentan factores que pueden dificultar su cicatrización o aumentar el riesgo de complicaciones.

 

Una herida en el pie no siempre es una lesión menor

Una rozadura, una pequeña úlcera o una lesión producida por el calzado pueden parecer problemas sin importancia. Sin embargo, hay situaciones en las que una herida en el pie requiere especial atención.

Esto es aún más importante en personas con diabetes, alteraciones de la sensibilidad o problemas circulatorios. La disminución de la sensibilidad, por ejemplo, puede hacer que una lesión pase inadvertida y continúe sometida a presión al caminar.

Por este motivo, además de tratar la propia herida, es importante valorar qué la ha provocado y qué factores pueden estar dificultando su recuperación.

El podólogo es el profesional sanitario preparado para valorar la lesión y el estado general del pie, así como para analizar los aspectos relacionados con el apoyo, las presiones que recibe una determinada zona o el calzado utilizado. 

En algunos casos, reducir la presión sobre la zona afectada es una parte importante del proceso. Para ello, el podólogo puede recurrir a diferentes estrategias de descarga adaptadas a las necesidades de cada paciente.

El objetivo no es únicamente favorecer la evolución de la lesión, sino también actuar sobre aquellos factores que puedan hacer que vuelva a aparecer.

 

Prevención y seguimiento

El papel de la podología tiene especial importancia en personas con mayor riesgo de desarrollar lesiones en los pies. La revisión periódica puede permitir detectar cambios en la piel, zonas sometidas a una presión excesiva o pequeñas lesiones antes de que evolucionen.

En estos casos, también es fundamental el papel del paciente: revisar los pies regularmente, utilizar un calzado adecuado y evitar manipular heridas, durezas o ampollas en casa son medidas especialmente importantes cuando existen factores de riesgo.

Una herida que no evoluciona correctamente, que reaparece o que aparece en una persona con factores de riesgo no debe pasarse por alto. Una valoración profesional permite determinar sus características y establecer la actuación más adecuada en cada caso. Ante cualquier duda, consulta con tu podólogo de confianza. 

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